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Hojas manuscritas, un lápiz y una taza de café sobre una mesa
Concurso de Microrrelatos Coslada 2026
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Relato 17 de 30

Siempre estabas ahí - Blanca Redondo Martín

Callado, sin hacer ruido, observando y escuchando como quien guarda el mundo para que a los demás no nos falte nada. Siempre estabas cuando te necesitábamos, sin estorbar, sin controlar, sin pedir nada a cambio. No sabías cómo ayudarnos, pero lo intentabas. Te adelantabas a nuestras necesidades, corrías antes de que te llamáramos, trabajabas como si el trabajo fuera una forma de querer y de vivir. —Mientras yo pueda, intentaré que no os falte de nada —decías siempre. Para ti, que no tenías gran facilidad para expresarte, las palabras sobraban. También te sobraba la vergüenza de no haber podido estudiar, aunque quisieras saberlo todo. Y, aun así, te atrevías con todo: desmontabas, arreglabas, aprendías sobre la marcha, mejor o peor. Te reías flojito, en los momentos difíciles y de nervios. Siempre eras voluntario para cualquier tarea fuera de casa. No sabías encerrarte; necesitabas salir: hacer un recado, resolver algo, sentirte útil. Tenías un saber estar que no te enseñó ninguna escuela, sino la vida. Después llegó la enfermedad, comiéndote despacio el cuerpo y la memoria. Te fuiste olvidando de nosotros y de ti mismo. Volviste, sin querer, a la niñez. A veces nos mirabas sin reconocernos; otras, quizá nos reconocías en algún lugar más hondo, donde los nombres no hacen falta. Nunca quisiste molestar. Ni siquiera al marcharte. Te fuiste sin dar guerra, como habías vivido: intentando no causar preocupación, dejando todo en silencio. Pero nosotros sabemos que te llevaste un ruido enorme: el de tu ausencia. En los últimos meses intentamos estar ahí como tú lo estuviste siempre, aunque ya no supieras quiénes éramos. Recibimos tu amor, ese que desprendías incluso cuando no recordabas las palabras. A tu compañera de vida le falta su apéndice de tantos años, tu compañía y calor. Tus hijos te recordamos sonriendo, corriendo, trabajando, disponible, dispuesto, llegando siempre antes que nadie. Ahora seguimos encontrándote en las pequeñas cosas: una herramienta, una risa contenida, un objeto reparado a tu manera, utensilios guardados a saber para qué. Siempre estabas ahí. Y, de alguna manera, todavía.