Relato 4 de 30
Vendimias de Ayer - Antonio Flores Gracia
El sol aparecía cubriendo los campos de mi pueblo. Las bodegas familiares abrían sus puertas para recibir las uvas del día, y el aire olía a mosto y a humedad otoñal.
Entre las cepas resonaban las risas madrugadoras. En aquellas cuadrillas había de todo: manos curtidas de abuelos, de padres y de niños que recogían no sólo uvas, sino también sus propias historias.
Desde pequeños, nuestros padres nos llevaban al campo durante la Vendimia. Fui creciendo y esos recuerdos siguen vivos, porque era feliz jugando entre las cepas. Con seis o siete años ya ayudaba a vendimiar en las viñas propias, y con nueve gané mi primer jornal en casa del señor Adrián Jareño.
Hoy, los años han pasado, y las máquinas sustituyen a muchas de aquellas manos. Sin embargo, el alma de la Vendimia sigue viva en mi recuerdo y en cada fotografía de la época. Podríamos contar mil anécdotas y vivencias, pero seguro que la mayoría coincidiría conmigo en que lo mejor de todo era... ¡El almuerzo!
La Vendimia no era solo la cosecha: era una Escuela de Vida. Porque la vida, como la vid, se poda, se renueva y vuelve a brotar….
Y la Vida sigue